LUCAS 4, 16-21

¨El Espíritu del Señor está sobre mí...¨

¨Llegó a Nazaret, donde se había criado, y, según acostumbraba, fue el sábado a la sinagoga. Cuando se levantó para hacer la lectura, le pasaron el libro del profeta Isaías, desenrolló el libro y halló el pasaje en que se lee:
"El me ha ungido para traer Buenas Nuevas a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad y a los ciegos que pronto van a ver. A despedir libres a los oprimidos y a proclamar el año de la gracia del Señor.
Jesús, entonces, enrolla el libro, lo devuelve al ayudante y se sienta. Y todos los presentes tenían los ojos fijos en él. Empezó a decirles: "Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar".
 
Un evangelio que es programa y resumen. Es muy denso y amplio el mensaje que contiene el evangelio de hoy.
El evangelista Lucas, cuya lectura continua, comenzamos hoy y se prolongará hasta el fin del año litúrgico, ha llenado el primer episodio de la vida apostólica de Jesús con toda la profundidad de su vida. 1, Su misión y programa mesiánico para judíos y paganos. 2, La incredulidad de Israel, representado aquí en sus paisanos de Nazaret. 3, La persecución de la que es objeto ya inicialmente y lo será después hasta acabar en la cruz.
Estos son los tres momentos que responden a las tres partes que distinguimos en el texto evangélico de hoy. 1ª, Cita de Isaías que Jesús se autoaplica en el hoy del presente. 2ª, Rechazo de sus oyentes, que no ven en él al ungido o mesías del Señor, sino al hijo de José. 3ª, Intento de eliminarlo. Unido al primer anuncio de Jesús, va su primer revés apostólico.
A diferencia de Mateo y Marcos, ha preferido Lucas abrir el misterio profético de Jesús, no con un pregón de conversión, sino con una buena noticia de liberación para los pobres, los cautivos, los oprimidos y los ciegos; cuatro categorías de personas que representan globalmente la miseria y necesidad del hombre.
La liturgia sinagogal del sábado, a la que Cristo asistía regularmente, tenía un esquema celebrativo del que se hace eco la primera parte de la misa o liturgia de la palabra. Constaba de una primera lectura de la ley mosaica, tomada de un libro del Pentateuco y comentada por un especialista; seguía después una lectura de los profetas, que, con permiso del presidente, podía glosar cualquier varón mayor de treinta años. Es lo que hizo Jesús en esta ocasión en Nazaret. Impulsado por el Espíritu que lo ungió en su bautismo, proclama Jesús un mensaje de gracia. 
 
El ha sido ungido y enviado para anunciar el favor del Señor a los humildes del pueblo, para pregonar la buena nueva de la liberación y el año jubilar, en que se devolvían las tierras enajenadas, se cancelaban las deudas y se daba libertad a los esclavos. Para centrarse en este mensaje de gracia, Jesús silenció el final del texto de Isaías que concluye con una amenaza, después del año de gracia del Señor: "Día de venganza de nuestro Dios".
Fuente: Caballero, Basilio, La palabra cada día, comentario y            oración.Ediciones Paulinas. Madrid - España. 1990