Biografia

GLADYS PEZZUTTI DE TEULLET

BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA  Corría el año 1,935, cuando un 30 de Junio, nacía en la ciudad de Lima, en el hogar de los esposos Pezzutti García, una niña, a quien pusieron por nombre Gladys Teresa. Fueron sus padres don Raúl Eduardo Pezzutti y doña Rosa García, ambos naturales de ciudad de Lima, capital del Perú.   Este acontecimiento llenó de felicidad el hogar de la familia, pues, consideraban como todos los padres que reciben su primer hijo, que esta niña era  la bendición que les enviaba Dios, por ser una familia muy católica. No esperaron mucho tiempo, y el 5 de octubre del mismo año era conducida a la parroquia de las Mercedarias de Lima donde recibía el sacramento del Bautismo, siendo sus padrinos don Salvador Ricciardi y doña Angélica Terán  de Yáñez. Desde entonces, y a pesar de su corta existencia, jamás se apartaría de sus compromisos bautismales.

Su infancia y adolescencia se desarrollaron en la ciudad de Lima en un ambiente de paz, armonía, amor familiar y sobre todo de devoción a la santísima Virgen María. En su juventud fue atraída por el arte, la pintura, la poesía en los que se manifestaba con gran fuerza, su intensa sensibilidad humana y su inmensa piedad.

A los veinticinco años contrae matrimonio con don Luis Alfonso Teullet Domínguez, que desde entonces se convertiría en el compañero de toda su vida y depositario de toda su ternura, además del principal apoyo para el desarrollo de la inmensa caridad de su corazón. No tuvieron hijos carnales, pero sí muchísimos hijos adoptivos (por decirlo así), pues contribuyeron con mucha frecuencia en la preservación de la salud, educación, y prevención de la perdición de tantas personas, generalmente, en forma anónima.

Su generoso corazón nunca estaba tranquilo, siempre estaba encontrando y ayudando a los desposeídos y necesitados a su paso, después, consideró que era más importante salvarles el alma que el cuerpo el cual finalmente siempre será ganado por la  muerte física. En cambio el alma que trascenderá más allá de la muerte, ya no podría salvarse. Desde entonces consideraba curarles, si era posible el cuerpo para luego salvarles el alma.

En su rostro era fácil adivinar la generosidad de su corazón; sus ojos reflejaban  la humildad y la sinceridad;  en su voz, el cariño que sentía por todos los seres humanos y especialmente por los pobres, minusválidos, discapacitados, huérfanos, madres abandonadas y por los que no conocían a Dios. Su preocupación por estos últimos fue tan grande que la decidió a enrolarse en la “Legión de María”. Desde allí contribuyó con todo su esfuerzo a la difusión del santo Rosario, la devoción a la santísima Virgen María y a la Legión de María. Después amplió su apostolado a la difusión de la devoción al “Señor de La Divina Misericordia”. Dedicó mucho tiempo al estudio de las Sagradas Escrituras, vida y obras de San Luis María de Montfort y la Divina Misericordia.

Al darse cuenta que existía mucha gente que deseaba contribuir con la Iglesia Católica y que no encontraba un canal de desarrollo de su caridad, se dedicó a la difusión de la “Consagración al Sagrado corazón de Jesús por las manos de María” según el “Tratado de la Verdadera Devoción” de San Luis María de Montfort. Con estas herramientas en sus manos hizo conocer la inmensa misericordia de Dios y las infinitas virtudes de María santísima Con lo que hizo feliz a tantas personas que encontraron la salvación de sus almas, el desarrollo de su caridad, la curación de tantos enfermos, la ayuda para tantos huérfanos y el desarrollo de la verdadera fraternidad entre los donantes y sus beneficiarios, es decir, una obra casi imposible.

Entre sus logros se pueden contar:

Formación de una Asociación de Discapacitados.

Formación de un Patronato de Apoyo Social y Económico a la “Asociación Entusiastas”

Formación de un grupo de Preparadores para La Consagración.

Formación de un grupo de difusores de la evangelización.

Formación de un grupo de difusores de la Consagración Total.

Por otra parte Ella fue:

Legionaria, haciendo su “Promesa Legionaria”.

Esclava de María con su Consagración Total según el método de San Luis María de Montfort.

Cooperadora del Opus Dei.

Difusora del Tratado de la Verdadera Devoción.

Difusora de la Coronilla del Señor de la Divina Misericordia..

Organizadora y expositora de Retiros Espirituales.

Ministra de la Eucaristía, entre otros.

 
Toda esta obra la realizó en el Perú, pero a fines de la década del 80, por motivos de trabajo de su esposo tuvo que trasladarse a España, pero también allá fundo un grupo de oración a la Divina misericordia y otros de caridad sin descuidar la difusión del Tratado de la Verdadera Devoción de San Luis María de Montfort y  siempre llevando La Palabra de Dios a los hogares.
                   Sus viajes al Perú eran periódicos, y tendría que vivir un tiempo en el Perú y otros en España, y cada despedida le causaba tristeza, que ella dedicaba con amor al Divino Hacedor. 
                   Pero en todo este tiempo de idas y venidas se dedicó a componer diversos versos,  cantos y oraciones al Señor y a la Virgen María así como a los lugares que tanto amó (gran parte de las cuales se encuentran publicadas en la Página Web www.Bibliaamada.org), hasta que el 14 de Julio del 2001 el Señor la recogió y nos privó de su alegría, pero dejándonos el hermoso ejemplo de su vida y sus enseñanzas. 
                   Su enfermedad fue un rosario de sacrificios y enseñanzas a su familia, sus amigos,  sus vecinos del hospital y toda una comunidad de familiares de los enfermos que compartían con ella las dificultades de la enfermedad.
                   Las copias de sus escritos se repartían entre los que salían del hospital, después de sus visitas a sus pacientes, como si fueran pan caliente recién salidos del horno, y su muerte se convirtió en un acontecimiento para mucha gente que tenía familiares en ese hospital provocando un tumulto entre los cientos de personas que querían saber algo de ella o lograr alguna copia de algunos de sus escritos. Y empezaron a circular rumores de los escritos que cada cual había obtenido de ella. 
                    De sus proficuos escritos que se convirtían en esperanza para todos los que la conocimos y queríamos seguir su ejemplo y enseñanzas, gran parte, también se encuentran en la misma página web. 
                   En cierta ocasión le escribía a su madre: “Mami, te cuento, que el Padre me dijo que no hay que pedir milagros, que Dios como Padre sabe lo que conviene a cada alma y que, aunque el sufrimiento sea insoportable él nos da la fuerza, porque con ese dolor, Él va hacer su voluntad de algún acontecimiento de salvación para otros, y que a ti te puso en la residencia para dar ejemplo de tu fe y de tu dolor”. Y a mí me dijo: “Todo lo que sufres lo ha sufrido Jesús y María antes, y que de cada agonía hay algo que puedo ofrecer”, y me hizo una lista larga.  
 
Cierto día que siente una intensa tristeza frente a ese desgarro tan grande ante la eminente separación del esposo y de la madre, dice a una amiga:  “Pese al dolor que este desprendimiento me causa, no debo torcer los designios de Dios, no debo ser un obstáculo a sus designios”.
Uno de esos días, Lucho, su esposo, le dijo que por favor no se fuera, que la necesitaba. Gladys, haciendo uso de toda esa fuerza que llevaba dentro, le dijo: “Por favor, no me pidas eso, comprende, nosotros no podemos torcer los planes de Dios”. Momentos después reza:  “Ofrezco todo cuanto dentro de mi cabeza se rompe al pensar en esta separación, por los esposos que se abandonan" (separaciones conyugales etc).
                 
UN FRAGMENTO DE SU DIARIO
 
El Año Jubilar (2000) me significó verdaderamente santo, pues, desde que se abrieron las puertas de la reconciliación, el Señor permitió que asistiera a la santa Misa diariamente padeciendo fuertes dolores físicos tanto en España, como en Perú, Italia, Francia, Suiza y en cada lugar donde la bondad de Lucho (su esposo) me quiere distraer.
En realidad, mi único deseo era recibir la bendición papal, ganar el jubileo y orar mucho por la salvación de nuestras almas y la de nuestros hermanos; cosa que ocurrió cuando el 13 de Junio del 2000, el Papa nos dio su bendición, y luego hicimos el recorrido por las 3 puertas santas, Vaticano, Escala santa (que subí de rodillas las 33 gradas aun cuando las fuerzas me fallaban) y allí pude ver cuan grande es el poder de Dios.
El año transcurrió de médico en médico, tanto el primer como el segundo semestre, pero sin acierto para mis malestares. Sin embargo, la vida espiritual estuvo apoyada, más que nunca, en la presencia materna de la Virgen, que por medio del Padre Luciano, que estuvo de paso por Lima, permitió la Consagración de mil personas en la Basílica de María Auxiliadora, a la cual asistí emocionada, recordando el Padre, desde el Altar, que hacía más de 20 años él mismo me había Consagrado por primera vez.
El retiro de mi vida, pues, ha tenido la Cruz del Evangelio y la sonrisa de la Virgen.
El año continuó, mi enfermedad también, poco a poco surgió la despedida, en la casa de Lima nos reunimos todas las hermanas laicas y religiosas, niños del albergue, Padre Luciano y enfermos impedidos.
La santísima Virgen nos invitó en este último 25 de Agosto a hacer nuestra entrega de vida como Alma Hostia. Creo que la mayor parte tuvieron recelos de que la ofrenda fuera muy fuerte  y ... dudaron; también yo, cuando se leía pensaba en lo profundo de su significado ... pero al Señor no hay que regatearle nada y le di mi vida, mi alma y mis obras con todo mi amor.
En Setiembre, ya de vuelta en Alicante, mi mal progresaba. El 18 de Octubre sufrí una caída que desencadenaría en terribles dolores a la columna y costillas.
Noviembre y Diciembre, meses de ofrenda y dolor. Jesús y María fortaleciendo mis noches de lágrimas e insomnios.
Enero del 2001, igual, detectan milomas múltiples, un cáncer maligno de médula espinal
El Espíritu santo permite que unas lágrimas tan sólo, escuchen el diagnóstico, el cual agradezco a Dios, pues sé que con este mal  purificaré mi cuerpo y mi alma de todos mis pecados y mi purgatorio será adelantado.
Para mi, mi vida y lo que venga es lo que el Señor me pide y la Virgen me ayuda a aceptar. La fe, no es solamente vivir con ella sino saber morir con ella.
La promesa de vida eterna no es una palabra más, dicha por Jesús en el Evangelio, sino una realidad por la que el cristiano, lucha y camina tratando de vencer obstáculos.
                  Si es verdad, que los dolores de esta enfermedad son terribles, todo se soporta sabiendo que Jesús, en la pasión, los padeció todos antes que yo, y que Él, siendo tan santo murió sufriendo, ¿cuánto menos podremos nosotros siendo tan inútiles? ¿cómo podría ser más el siervo que el Amo?
Hay días en que las fuerzas me flaquean, no hay forma de curación segura, los diagnósticos son, a veces, alentadores, a veces no, me dejan pensativa; en realidad, mi único deseo es la voluntad de Dios, lo que Él desee de mis últimos días, quedarme o partir me es indiferente, sólo sé que si hay algo para gloria suya, salvación de las almas, sacerdotes, misiones, lo que Él quiera, pues, yo diré “si” como María, dispuesta a: “Ir donde me mande y quedarme donde me deje”.
Cada día, sé que puede ser el último y me alegro, mi corazón tiene una gran paz interior. Estoy en permanente diálogo con la santísima Trinidad. Le siguen los Ángeles y San José. A veces tengo la certeza de que partiré pronto, y a veces veo en un futuro cercano alguna petición del Señor y una dilatación de mis días. Pero más que nada, vivo el hoy sin mañana, porque mi hoy está lleno de la Misericordia Divina.
                  El día 24 de Mayo cerrando los ojos leí mi epitafio, basado en una pequeña Cruz blanca que se inclinaba sobre un montoncito de  red, sujeta por una cadena. “Con la red del Evangelio me conquistó Jesús. Con la Esclavitud Mariana se cambió la Cruz en Luz”.  
Gladys Pezzutti de Teullet.