Su infancia y adolescencia se desarrollaron en la ciudad de Lima en
un ambiente de paz, armonía, amor familiar y sobre todo de
devoción a la santísima Virgen María. En su juventud fue atraída por el
arte, la pintura, la poesía en los que se manifestaba con gran fuerza, su
intensa sensibilidad humana y su inmensa piedad.
A los veinticinco años contrae matrimonio con don Luis Alfonso Teullet Domínguez,
que desde entonces se convertiría en el compañero de toda su vida y
depositario de toda su ternura, además del principal apoyo para el desarrollo de la inmensa caridad de su corazón. No tuvieron hijos carnales,
pero sí muchísimos hijos adoptivos (por decirlo así), pues contribuyeron
con mucha frecuencia en la preservación de la salud, educación, y
prevención de la perdición
de tantas personas, generalmente, en forma anónima.
Su generoso
corazón nunca estaba tranquilo, siempre estaba encontrando y ayudando a
los desposeídos y necesitados a su paso, después, consideró que era más
importante salvarles el alma que el cuerpo el cual finalmente siempre será
ganado por la muerte física.
En cambio el alma que trascenderá más allá de la muerte, ya no podría
salvarse. Desde entonces consideraba curarles, si era posible el cuerpo para
luego salvarles el alma. |
En su rostro
era fácil adivinar la generosidad de su corazón; sus ojos reflejaban la humildad y la sinceridad; en su voz, el cariño que sentía por todos los seres humanos y
especialmente por los pobres, minusválidos, discapacitados, huérfanos,
madres abandonadas y por los que no conocían a Dios. Su preocupación por
estos últimos fue tan grande que la decidió a enrolarse en la “Legión
de María”. Desde allí contribuyó con todo su esfuerzo a la difusión
del santo Rosario, la devoción a la santísima Virgen María y a la Legión
de María. Después amplió su apostolado a la difusión de la devoción al
“Señor de La Divina Misericordia”. Dedicó mucho tiempo al estudio de las Sagradas Escrituras, vida y obras de
San Luis María de Montfort y la Divina Misericordia.
Al
darse cuenta
que existía mucha gente que deseaba contribuir con la Iglesia Católica y
que no encontraba un canal de desarrollo de su caridad, se dedicó a la
difusión de la “Consagración al Sagrado corazón de Jesús por las manos
de María” según el “Tratado de la Verdadera Devoción” de San Luis
María de Montfort. Con estas herramientas en sus manos hizo conocer la
inmensa misericordia de Dios y las infinitas virtudes de María santísima
Con lo que hizo feliz a tantas personas que encontraron la salvación de sus
almas, el desarrollo de su caridad, la curación de tantos enfermos, la
ayuda para tantos huérfanos y el desarrollo de la verdadera fraternidad
entre los donantes y sus beneficiarios, es decir, una obra casi imposible. |
Entre sus
logros se pueden contar:
Formación de una Asociación
de Discapacitados.
Formación de un Patronato de
Apoyo Social y Económico a la “Asociación Entusiastas”
Formación de un grupo de
Preparadores para La Consagración.
Formación de un grupo de
difusores de la evangelización.
Formación de un grupo de
difusores de la Consagración Total.
Por otra parte Ella fue:
Legionaria, haciendo su
“Promesa Legionaria”.
Esclava de María con su
Consagración Total según el método de San Luis María de Montfort.
Cooperadora
del Opus Dei.
Difusora del Tratado de la
Verdadera Devoción.
Difusora de la Coronilla del Señor
de la Divina Misericordia..
Organizadora y expositora de
Retiros Espirituales.
Ministra
de la Eucaristía, entre otros.
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Toda esta obra la realizó en el Perú, pero a fines de la década
del 80, por motivos de trabajo de su esposo tuvo que trasladarse a España,
pero también allá fundo un grupo de oración a la Divina misericordia y
otros de caridad sin descuidar la difusión del Tratado de la Verdadera
Devoción de San Luis María de Montfort y siempre llevando La Palabra de Dios a los hogares.
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Sus viajes al Perú eran periódicos,
y tendría que vivir un tiempo en el Perú y otros en España, y cada
despedida le causaba tristeza, que ella dedicaba con amor al Divino Hacedor.
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Pero en todo este tiempo de idas y venidas se dedicó a componer
diversos versos, cantos y
oraciones al Señor y a la Virgen María así como a los lugares que tanto
amó
(gran parte de las cuales se encuentran publicadas en la Página Web www.Bibliaamada.org),
hasta que el 14 de Julio del 2001 el Señor la recogió y nos privó de su
alegría, pero dejándonos el hermoso ejemplo de su vida y sus enseñanzas.
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Su enfermedad fue un rosario de sacrificios y enseñanzas a su familia, sus amigos,
sus vecinos del hospital y toda una comunidad de familiares de
los enfermos que compartían con ella las dificultades de la enfermedad.
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Las copias de sus escritos se repartían entre los que salían del hospital,
después de sus visitas a sus pacientes, como si fueran pan caliente recién
salidos del horno, y su muerte se convirtió en un acontecimiento para mucha gente
que tenía familiares en ese hospital provocando un tumulto entre los
cientos de personas que querían saber algo de ella o lograr alguna copia de
algunos de sus escritos. Y empezaron a circular rumores de los
escritos que cada cual había obtenido de ella.
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De sus proficuos escritos que se convirtían
en esperanza para todos los que la conocimos y queríamos seguir su ejemplo y
enseñanzas, gran parte, también se encuentran en la misma página
web.
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En cierta ocasión le escribía a su madre: “Mami, te cuento, que el Padre
me dijo que no hay que pedir milagros, que Dios como Padre sabe lo que
conviene a cada alma y que, aunque el sufrimiento sea insoportable él nos
da la fuerza, porque con ese dolor, Él va hacer su voluntad de algún
acontecimiento de salvación para otros, y que a ti te puso en la residencia
para dar ejemplo de tu fe y de tu dolor”. Y a mí me dijo: “Todo lo que
sufres lo ha sufrido Jesús y María antes, y que de cada agonía hay algo
que puedo ofrecer”, y me hizo una lista larga.
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Cierto día que
siente una intensa tristeza frente a ese desgarro tan grande ante la
eminente separación del esposo y de la madre, dice a una amiga: “Pese al dolor que este desprendimiento me causa, no debo torcer
los designios de Dios, no debo ser un obstáculo a sus designios”.
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Uno de esos días,
Lucho, su esposo, le dijo que por favor no se fuera, que la necesitaba.
Gladys, haciendo uso de toda esa fuerza que llevaba dentro, le dijo: “Por
favor, no me pidas eso, comprende, nosotros no podemos torcer los planes de
Dios”. Momentos después reza: “Ofrezco todo cuanto dentro de
mi cabeza se rompe al pensar en esta separación, por los esposos que se
abandonan" (separaciones conyugales etc).
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UN FRAGMENTO DE SU
DIARIO
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El Año Jubilar
(2000) me significó verdaderamente santo, pues, desde que se abrieron las
puertas de la reconciliación, el Señor permitió que asistiera a la santa
Misa diariamente padeciendo fuertes dolores físicos tanto en España, como
en Perú, Italia, Francia, Suiza y en cada lugar donde la bondad de Lucho
(su esposo) me quiere distraer.
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En realidad, mi
único deseo era recibir la bendición papal, ganar el jubileo y orar mucho
por la salvación de nuestras almas y la de nuestros hermanos; cosa que
ocurrió cuando el 13 de Junio del 2000, el Papa nos dio su bendición, y
luego hicimos el recorrido por las 3 puertas santas, Vaticano, Escala santa
(que subí de rodillas las 33 gradas aun cuando las fuerzas me fallaban) y
allí pude ver cuan grande es el poder de Dios.
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El año
transcurrió de médico en médico, tanto el primer como el segundo semestre,
pero sin acierto para mis malestares. Sin embargo, la vida espiritual estuvo
apoyada, más que nunca, en la presencia materna de la Virgen, que por medio
del Padre Luciano, que estuvo de paso por Lima, permitió la Consagración
de mil personas en la Basílica de María Auxiliadora, a la cual asistí
emocionada, recordando el Padre, desde el Altar, que hacía más de 20 años
él mismo me había Consagrado por primera vez.
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El retiro de mi
vida, pues, ha tenido la Cruz del Evangelio y la sonrisa de la Virgen.
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El año continuó,
mi enfermedad también, poco a poco surgió la despedida, en la casa de Lima
nos reunimos todas las hermanas laicas y religiosas, niños del albergue,
Padre Luciano y enfermos impedidos.
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La santísima
Virgen nos invitó en este último 25 de Agosto a hacer nuestra entrega de
vida como Alma Hostia. Creo que la mayor parte tuvieron recelos de que la
ofrenda fuera muy fuerte y ...
dudaron; también yo, cuando se leía pensaba en lo profundo de su
significado ... pero al Señor no hay que regatearle nada y le di mi vida,
mi alma y mis obras con todo mi amor.
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En Setiembre,
ya de vuelta en Alicante, mi mal progresaba. El 18 de Octubre sufrí una caída
que desencadenaría en terribles dolores a la columna y costillas.
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Noviembre y Diciembre, meses de ofrenda y
dolor. Jesús y María fortaleciendo mis noches de lágrimas e insomnios.
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Enero del 2001,
igual, detectan milomas múltiples, un cáncer maligno de médula espinal.
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El Espíritu
santo permite que unas lágrimas tan sólo, escuchen el diagnóstico, el
cual agradezco a Dios, pues sé que con este mal purificaré mi cuerpo y mi alma de todos mis pecados y mi purgatorio
será adelantado.
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Para mi, mi
vida y lo que venga es lo que el Señor me pide y la Virgen me ayuda a
aceptar. La fe, no es solamente vivir con ella sino saber morir con ella.
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La promesa de
vida eterna no es una palabra más, dicha por Jesús en el Evangelio, sino
una realidad por la que el cristiano, lucha y camina tratando de vencer obstáculos.
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Si es verdad, que los dolores de esta enfermedad son terribles, todo se
soporta sabiendo que Jesús, en la pasión, los padeció todos antes que yo,
y que Él, siendo tan santo murió sufriendo, ¿cuánto menos podremos
nosotros siendo tan inútiles? ¿cómo podría ser más el siervo que el
Amo?
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Hay días en
que las fuerzas me flaquean, no hay forma de curación segura, los diagnósticos
son, a veces, alentadores, a veces no, me dejan pensativa; en realidad, mi
único deseo es la voluntad de Dios, lo que Él desee de mis últimos días,
quedarme o partir me es indiferente, sólo sé que si hay algo para gloria
suya, salvación de las almas, sacerdotes, misiones, lo que Él quiera,
pues, yo diré “si” como María, dispuesta a: “Ir donde me mande y
quedarme donde me deje”.
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Cada día, sé
que puede ser el último y me alegro, mi corazón tiene una gran paz
interior. Estoy en permanente diálogo con la santísima Trinidad. Le siguen
los Ángeles y San José. A veces tengo la certeza de que partiré pronto, y
a veces veo en un futuro cercano alguna petición del Señor y una dilatación
de mis días. Pero más que nada, vivo el hoy sin mañana, porque mi hoy está
lleno de la Misericordia Divina.
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El día 24 de Mayo cerrando los ojos leí mi epitafio, basado en una pequeña
Cruz blanca que se inclinaba sobre un montoncito de red, sujeta por una cadena. “Con la red del Evangelio me conquistó
Jesús. Con la Esclavitud Mariana se cambió la Cruz en Luz”.
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Gladys
Pezzutti de Teullet.
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